Ya en el siglo XIX estaban sentadas las bases de un sistema comercial que propició el contacto con diversas culturas. Nuevas razas llegan a Cuba, entre ellas el Poodle o Caniche, que acompañan a la nueva oleada de inmigrantes franceses. Es aquí donde verdaderamente comienza la historia del Bichón Habanero.
Con la entrada de diversas razas foráneas comienza una nueva etapa en la concepción del perro faldero en Cuba. Mediante el cruce con el Caniche, el Blanquito de la Habana adquiere color y aumenta la talla, pero no pierde su magnífico carácter. Estos cruces se realizaron bajo ciertos principios de control, lo cual permitió que se estableciera rápidamente un tipo lo suficientemente uniforme como para ser considerado como una nueva raza. Es así como surge el Bichón Habanero, portando las mejores características de sus progenitores, mantiene el carácter vivo, alegre e inteligente del Blanquito y adquiere robustez y tamaño gracias a Caniche.
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Bichón Habanero
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Habanero fue el perro de la aristocracia colonial hasta comienzos del siglo
XX, cuando la intervención norteamericana impone sus modas, siendo sustituido
por el Chihuahua, el Pomerania o el Pequinés, pasando a ser el juguete predilecto
de la familia cubana que, de manera casi inconsciente, contribuyó a mantener
viva la raza.
Ya durante el siglo XX comienza un amplio gusto por la cría de perros en Cuba, se realizan las primeras exposiciones caninas en la isla, donde prevalecen mayoritariamente razas importadas, solo algunos criadores se dedican al Bichón Habanero. Con el triunfo de la revolución en 1959, la cría de perros sufre un duro golpe, ya que pasa a ser un signo de la mentalidad burguesa, no acorde con los principios populares de los nuevos cambios. La reconstrucción económica hace que la gente olvide a sus perros, pero la raza se extiende desde Estados Unidos hacia Europa, partiendo de un reducido número de ejemplares emigrados, principalmente Suecia, Finlandia, Holanda y Alemania.
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tanto en Cuba, a principios de los ochenta comienza a apreciarse un renacer
de la afición y se fundan los primeros clubes de raza. Aún así el Bichón Habanero
permanecía sumergido en el olvido, lejano del reconocimiento del gran público,
a pesar que la Federación Cinológica Internacional (FCI) había aprobado un estándar
para la raza desde 1963.